[In memoriam Dimebag Darrell]
I.
Llevo en mi brazo derecho tres heridas
tan profundas como
dolorosas.
Llevo en mi brazo tres heridas
oscuras,
que no cicatrizan.
Cada día las contemplo,
las escucho a diario,
cada una de ellas cuenta mil y un historias
que desgarran armonicamente
mis oidos.
Llevo en mi brazo tres heridas:
una por cada año.
II.
A veces,
a veces me sumerjo en una de ellas,
podría decirse que es mi favorita:
me remonta a
tiempos inmemorables.
Cierro los ojos,
me dejo llevar por el sonido:
leves punzadas alrededor
de mi pecho bajan
marcialmente
hacia la punta de los dedos y estos
se contraen,
la respiración queda
sincronizada al compás marcado por
tus dedos,
mi cabeza no deja de
agitarse,
tú impones la pauta.
Es la estridencia,
la melódica transgresión de la nada,
el universo que se contrae en unos cuantos segundos
para explotar en una infinita
gama de tonos rojizos.
Me disuelvo, viajo a la par que
las notas
y
en el fade out
me integro de
nueva cuenta sólo para
sentir que
mi brazo está ardiendo.
III.
Regreso.
Con la esperanza
de volver a
desvanecerme
en un largo squealin', eterno
lamento: expresión del espíritu, de tu
esencia.
Y cruzar la llanura, la realidad;
cabalgando, quizás,
como
un vaquero del
infierno.
Que la ciencia y el rock caigan con todo su peso sobre el silencio de los herejes.
9.12.07
6.12.07
Camila III
Todo empieza como termina...
o
¿todo termina como empieza?
Espiral.
Mirar hacia el espejo,
tan fragmentado
como el ser a quien refleja.
Repasar las facciones
desde antes conocidas,
ver -
- me
- te
Pero, La espera, Camila,
La espera.
o
¿todo termina como empieza?
Espiral.
Mirar hacia el espejo,
tan fragmentado
como el ser a quien refleja.
Repasar las facciones
desde antes conocidas,
ver -
- me
- te
Pero, La espera, Camila,
La espera.
4.12.07
Kiss, Kiss, bang, bang
Un beso:
orgiástico,
anodino placebo.
Recordar,
en infinitivo, sin conjugar:
hilvanando el pasado
en la fluctuante
línea del presente.
Me llaman, me llamas.
Enseguida atiendo.
Voy. Voy.
Corriendo. Volando. Soñando.
orgiástico,
anodino placebo.
Recordar,
en infinitivo, sin conjugar:
hilvanando el pasado
en la fluctuante
línea del presente.
Me llaman, me llamas.
Enseguida atiendo.
Voy. Voy.
Corriendo. Volando. Soñando.
3.12.07
Camila II
Desprenderme de ti,
Camila,
es como abandonarme en el vacío,
como abstraerme en el onírico
o-na-nis-mo
de un Dios afeminado,
como si la karmática noche
llegara a su fin.
Desprenderme de ti, Camila,
es
como desprenderme
del hombre
fragmentado en el
espejo.
Camila,
es como abandonarme en el vacío,
como abstraerme en el onírico
o-na-nis-mo
de un Dios afeminado,
como si la karmática noche
llegara a su fin.
Desprenderme de ti, Camila,
es
como desprenderme
del hombre
fragmentado en el
espejo.
2.12.07
Perspectiva Kierkegaardiana (sic) sobre Nadja [Breton] y Retrato de un artista adolescente [Joyce]
Ah, tmbn hago ensayos By the way.... ENJOY:
La ironía es uno de los tópicos que presentan gran potencialidad de ser desarrollados en muchas obras literarias, pues la definición misma conlleva una gran carga significativa que da pie a análisis desde distintos enfoques. En el presente trabajo se intentará desmembrar el concepto de ironía dentro de dos obras de la literatura mundial del siglo veinte: Nadja y Retrato de un artista adolescente. El análisis que se hará a continuación girará en torno a los protagonistas de ambas obras, es decir, alrededor de Stephen y Nadja quienes serán el hilo conductor, y el motivo, para aplicar las propuestas de Kierkegaard acerca de la ironía.
Es posible abordar la novela Nadja a través de la perspectiva de le ironía elaborada por Sören Kierkegaard (Popovic) la cual establece que esta puede presentarse como una sucesión de acciones determinadas por la cancelación de los límites impuestos por lo real hasta llegar a un plano de libertad. Considerando lo anterior sería necesario llevar a cabo una segunda lectura del texto donde no sólo se observen los temas más superfluos sino que exista una mejor comprensión del mismo. Gracias a este desmembramiento de la obra se puede enunciar que existen ciertos aspectos que concuerdan en gran medida con la propuesta del filósofo alemán.
Dentro de la historia se muestran distintas situaciones que revelan una gran carga irónica y es precisamente Nadja quien las hace palpables. En primera instancia se tiene que su configuración no es otra cosa que una suma de antítesis; la mayoría de los elementos inherentes al personaje están conjugados para que su interacción, y contraposición, en el exterior resulte en una gran ironía. Pareciera que la protagonista se relaciona con la realidad de una manera bastante peculiar, pues la percepción que posee de lo que está a su alrededor difiere por completo de la del resto del mundo.
La heroína se encuentra subyugada por los límites que la sociedad tiene preestablecidos como lo real, su existencia está condenada por las convenciones del mundo; Nadja no puede abandonar estas convenciones, sin embargo puede evadirlas de alguna forma. El personaje rompe con la delimitación de la realidad, va más allá de las cadenas impuestas por el entorno y gesta una alteridad en la que comienza a desenvolverse. Es entonces cuando su pasado, la vida en su pueblo, los amores perdidos y su hija, se disipa ante la nueva perspectiva. Dicha abstracción le permite moldearse, y desarrollarse, ante las dificultades económicas del día a día.
Es posible mencionar que tanto la cancelación como el concepto de individuación convergen en el mismo punto. La libertad que proviene de la acción de cancelar queda evidenciada en el hecho de que la protagonista elija su propio nombre: “Me dice su nombre, escogido por ella misma. –Nadja, porque en ruso es el principio de la palabra esperanza, y precisamente porque es sólo el principio.”(Breton 46). La creación de una nueva identidad reafirma, como ya se ha mencionado con antelación, la libertad del personaje pues actúa en función de evadir los límites que le ha impuesto la sociedad: cancelación e individuación se unen en una sola línea la cual transitará a través de la obra alejándose gradualmente del yugo de lo real.
Para Kierkegaard la ironía radica en el simple hecho de haber transgredido las barreras de la realidad y crear una nueva concepción del entorno. Sin embargo la historia misma expande el sentido irónico, pues a pesar de que la línea de evasión de la protagonista tiende a alejarse de la realidad llega un punto en el cual la abstracción se desquebraja arrojando a Nadja a las fauces de lo real. Sin importar cuanto trate de evadir la realidad la heroína terminará siendo víctima de ella. Es justo aquí donde verdaderamente reside la ironía, una muy trágica: la libertad que Nadja consiguió a través de la cancelación es inútil pues la realidad, de la que huye, termina por devorarla.
Partiendo de la misma propuesta de Kirkegaard, acerca de la ironía, en Retrato del artista adolescente existen elementos similares a los que se han mencionado en párrafos anteriores. Dentro de la historia es posible observar el crecimiento del personaje principal, su desarrollo e individuación; quedan al descubierto las actitudes que este presenta frente al mundo inmediato así como la experiencia, marca indeleble de la vida, que los momentos difíciles le han dejado.
El proceso de individuación de Stephen está estrechamente ligado a una cierta negación del universo circundante. El protagonista logra evitar la realidad en distintas etapas y mediante varias técnicas que le permiten desvanecer, aunque no del todo, gradualmente las cadenas que impone la sociedad. Se distinguen tres estadios: cuando niño en el internado, a los dieciséis y el último sería hacia el final de la novela. En el primero la evasión está denotada por los juegos organolépticos que practica con la finalidad de aislarse de la barbarie y la incomprensión del grupo: “Apoyó los codos en la mesa y se puso a taparse y destaparse los oídos. Cada vez que se destapaba los oídos, se oía el ruido del comedor. Era un estruendo como el del tren por la noche” (Joyce 13). Este afán lúdico no es mas que una forma de abstracción; Stephen no desea quedar inserto en la realidad, entonces trata de alterarla de una manera u otra.
Ahora bien, cuando la historia avanza cronológicamente y el protagonista es ya un pubescente la evasión no se presenta de la misma forma sino que, acorde a su crecimiento, queda evidenciado en lo sensual. Stephen abandona la realidad para sumergirse en los concupiscentes deleites de la carne; aparentemente avanza un par de casillas en el uso de sus sentidos. Todo parece indicar que conforme crece su necesidad de evadirse lo hace a la par.
En el último estadio la evasión no es explicita sino que exige tanto un sentido deductivo como una interpretación profunda por parte del lector. El personaje, desde su presentación en la obra, trata de escapar a través de los sentidos, obviamente a distintos niveles, llegando hasta un punto en el cual la abstracción a través de los órganos sensoriales no es suficiente: su método de evasión es ahora el arte. Es cierto que desde temprana edad el concepto de arte ha estado ligado a Stephen, pero no es sino hacia el final de la historia cuando se acentúa; los sentidos dejan de ser la materia más importante, accede a un nivel superior en donde La huída, cual homérico canto, toma tintes espirituales.
La carga irónica en el texto, al igual que en Nadja, está sustentada en el concepto de cancelación. No obstante es necesario subrayar que en el caso de Stephen la libertad es un elemento que se le otorga hacia el final de la historia. A lo largo de este ensayo se ha demostrado como el concepto de ironía, bajo la perspectiva de Kierkegaard, está presente tanto en la obra de Joyce como en la de Breton. Mientras que en la segunda la ironía resulta ser trágica, con la fluctuante línea de cancelación de la realidad, en la primera responde a la coexistencia con el mundo.
La ironía es uno de los tópicos que presentan gran potencialidad de ser desarrollados en muchas obras literarias, pues la definición misma conlleva una gran carga significativa que da pie a análisis desde distintos enfoques. En el presente trabajo se intentará desmembrar el concepto de ironía dentro de dos obras de la literatura mundial del siglo veinte: Nadja y Retrato de un artista adolescente. El análisis que se hará a continuación girará en torno a los protagonistas de ambas obras, es decir, alrededor de Stephen y Nadja quienes serán el hilo conductor, y el motivo, para aplicar las propuestas de Kierkegaard acerca de la ironía.
Es posible abordar la novela Nadja a través de la perspectiva de le ironía elaborada por Sören Kierkegaard (Popovic) la cual establece que esta puede presentarse como una sucesión de acciones determinadas por la cancelación de los límites impuestos por lo real hasta llegar a un plano de libertad. Considerando lo anterior sería necesario llevar a cabo una segunda lectura del texto donde no sólo se observen los temas más superfluos sino que exista una mejor comprensión del mismo. Gracias a este desmembramiento de la obra se puede enunciar que existen ciertos aspectos que concuerdan en gran medida con la propuesta del filósofo alemán.
Dentro de la historia se muestran distintas situaciones que revelan una gran carga irónica y es precisamente Nadja quien las hace palpables. En primera instancia se tiene que su configuración no es otra cosa que una suma de antítesis; la mayoría de los elementos inherentes al personaje están conjugados para que su interacción, y contraposición, en el exterior resulte en una gran ironía. Pareciera que la protagonista se relaciona con la realidad de una manera bastante peculiar, pues la percepción que posee de lo que está a su alrededor difiere por completo de la del resto del mundo.
La heroína se encuentra subyugada por los límites que la sociedad tiene preestablecidos como lo real, su existencia está condenada por las convenciones del mundo; Nadja no puede abandonar estas convenciones, sin embargo puede evadirlas de alguna forma. El personaje rompe con la delimitación de la realidad, va más allá de las cadenas impuestas por el entorno y gesta una alteridad en la que comienza a desenvolverse. Es entonces cuando su pasado, la vida en su pueblo, los amores perdidos y su hija, se disipa ante la nueva perspectiva. Dicha abstracción le permite moldearse, y desarrollarse, ante las dificultades económicas del día a día.
Es posible mencionar que tanto la cancelación como el concepto de individuación convergen en el mismo punto. La libertad que proviene de la acción de cancelar queda evidenciada en el hecho de que la protagonista elija su propio nombre: “Me dice su nombre, escogido por ella misma. –Nadja, porque en ruso es el principio de la palabra esperanza, y precisamente porque es sólo el principio.”(Breton 46). La creación de una nueva identidad reafirma, como ya se ha mencionado con antelación, la libertad del personaje pues actúa en función de evadir los límites que le ha impuesto la sociedad: cancelación e individuación se unen en una sola línea la cual transitará a través de la obra alejándose gradualmente del yugo de lo real.
Para Kierkegaard la ironía radica en el simple hecho de haber transgredido las barreras de la realidad y crear una nueva concepción del entorno. Sin embargo la historia misma expande el sentido irónico, pues a pesar de que la línea de evasión de la protagonista tiende a alejarse de la realidad llega un punto en el cual la abstracción se desquebraja arrojando a Nadja a las fauces de lo real. Sin importar cuanto trate de evadir la realidad la heroína terminará siendo víctima de ella. Es justo aquí donde verdaderamente reside la ironía, una muy trágica: la libertad que Nadja consiguió a través de la cancelación es inútil pues la realidad, de la que huye, termina por devorarla.
Partiendo de la misma propuesta de Kirkegaard, acerca de la ironía, en Retrato del artista adolescente existen elementos similares a los que se han mencionado en párrafos anteriores. Dentro de la historia es posible observar el crecimiento del personaje principal, su desarrollo e individuación; quedan al descubierto las actitudes que este presenta frente al mundo inmediato así como la experiencia, marca indeleble de la vida, que los momentos difíciles le han dejado.
El proceso de individuación de Stephen está estrechamente ligado a una cierta negación del universo circundante. El protagonista logra evitar la realidad en distintas etapas y mediante varias técnicas que le permiten desvanecer, aunque no del todo, gradualmente las cadenas que impone la sociedad. Se distinguen tres estadios: cuando niño en el internado, a los dieciséis y el último sería hacia el final de la novela. En el primero la evasión está denotada por los juegos organolépticos que practica con la finalidad de aislarse de la barbarie y la incomprensión del grupo: “Apoyó los codos en la mesa y se puso a taparse y destaparse los oídos. Cada vez que se destapaba los oídos, se oía el ruido del comedor. Era un estruendo como el del tren por la noche” (Joyce 13). Este afán lúdico no es mas que una forma de abstracción; Stephen no desea quedar inserto en la realidad, entonces trata de alterarla de una manera u otra.
Ahora bien, cuando la historia avanza cronológicamente y el protagonista es ya un pubescente la evasión no se presenta de la misma forma sino que, acorde a su crecimiento, queda evidenciado en lo sensual. Stephen abandona la realidad para sumergirse en los concupiscentes deleites de la carne; aparentemente avanza un par de casillas en el uso de sus sentidos. Todo parece indicar que conforme crece su necesidad de evadirse lo hace a la par.
En el último estadio la evasión no es explicita sino que exige tanto un sentido deductivo como una interpretación profunda por parte del lector. El personaje, desde su presentación en la obra, trata de escapar a través de los sentidos, obviamente a distintos niveles, llegando hasta un punto en el cual la abstracción a través de los órganos sensoriales no es suficiente: su método de evasión es ahora el arte. Es cierto que desde temprana edad el concepto de arte ha estado ligado a Stephen, pero no es sino hacia el final de la historia cuando se acentúa; los sentidos dejan de ser la materia más importante, accede a un nivel superior en donde La huída, cual homérico canto, toma tintes espirituales.
La carga irónica en el texto, al igual que en Nadja, está sustentada en el concepto de cancelación. No obstante es necesario subrayar que en el caso de Stephen la libertad es un elemento que se le otorga hacia el final de la historia. A lo largo de este ensayo se ha demostrado como el concepto de ironía, bajo la perspectiva de Kierkegaard, está presente tanto en la obra de Joyce como en la de Breton. Mientras que en la segunda la ironía resulta ser trágica, con la fluctuante línea de cancelación de la realidad, en la primera responde a la coexistencia con el mundo.
2.11.07
Nix-nix
Noche, noche negra,
lívida baba deja
en el cuerpo aturdido del hombre
que gime y se queja.
Noche, noche negra,
sueños rotos deja;
como pedazos de espejo en el piso
que la luz de la luna reflejan
así queda mi ambición:
desquebrajada y desbalagada por los
cuatro
puntos cardinales.
Noche, noche negra,
restos de indiferencia deja
en los vacios de un alma noble
vuelta a la miseria.
Noche, noche negra,
contrasta tu quid
con mi grito desesperado;
te busco a tientas
noche, noche,
pero no te veo,
y el hombre llora,
gime, patalea,
tirado en la acera.
Negra, negra noche,
de dos en dos
bajaron hasta llegar a mis oídos
haciendo alusión a ti,
pero no pude, no les escuche.
El viento sopla,
fuerte ráfaga agita las desnudas ramas
de los árboles que me señalan impasibles
a pesar de la oscuridad;
me alejo y sus ojos vidriosos me contemplan:
a la distancia queda el hombre,
huelo su miedo,
huyo,
el aire me lleva,
y percibo la mancha que está en el suelo.
Es su sangre:
negra, negra.
lívida baba deja
en el cuerpo aturdido del hombre
que gime y se queja.
Noche, noche negra,
sueños rotos deja;
como pedazos de espejo en el piso
que la luz de la luna reflejan
así queda mi ambición:
desquebrajada y desbalagada por los
cuatro
puntos cardinales.
Noche, noche negra,
restos de indiferencia deja
en los vacios de un alma noble
vuelta a la miseria.
Noche, noche negra,
contrasta tu quid
con mi grito desesperado;
te busco a tientas
noche, noche,
pero no te veo,
y el hombre llora,
gime, patalea,
tirado en la acera.
Negra, negra noche,
de dos en dos
bajaron hasta llegar a mis oídos
haciendo alusión a ti,
pero no pude, no les escuche.
El viento sopla,
fuerte ráfaga agita las desnudas ramas
de los árboles que me señalan impasibles
a pesar de la oscuridad;
me alejo y sus ojos vidriosos me contemplan:
a la distancia queda el hombre,
huelo su miedo,
huyo,
el aire me lleva,
y percibo la mancha que está en el suelo.
Es su sangre:
negra, negra.
Camila I
Respetar como límite
la línea divisoria.
Surcar el suave afluente
que atraviesa
tus
níveas mejillas.
Eternizarme en tu sal,
en el hilillo de tu saliva;
tejer con ella el manto
que
cubra mi cuerpo desnudo.
Vivir, o morir quizás,
ser eterno en tus versos, Camila.
la línea divisoria.
Surcar el suave afluente
que atraviesa
tus
níveas mejillas.
Eternizarme en tu sal,
en el hilillo de tu saliva;
tejer con ella el manto
que
cubra mi cuerpo desnudo.
Vivir, o morir quizás,
ser eterno en tus versos, Camila.
16.6.07
Tri-via-li-da-des.
Como un simple ejercicio literario, como una mera proyección de mi psique, como una sondeo de mi ser, como un somero calco de mis pensamientos, así surgió la idea de existir. Para ser sincero antes de que me llenaras la cabeza con esas ideas esperanzadoras, que ahora sé utópicas, no consideraba el "vivir" como una de mis prioridades; el concepto de "ser" me parecía fútil y vacuo, no obstante al pronunciar tú esa frase todo se derrumbó.
No se si agradecer o maldecirte, ¿Tú que opinas? Antes de comenzar a divagar, prosigo. Rondaba, aunque a la periferia, ya que me habían exiliado desde mi concepción como ente abstracto, nunca comprendí el porqué, pero la verdad no estaba interesado. Viajé, el mundo fue mío, el tiempo, el espacio y demás: sueños tangibles a veces y realidades abstractas. Vi el nacimiento del universo, (no hay mucho que perderse, en realidad), las primeras formas de "vida", vine y fui, fui y vine. Conozco el futuro casi de memoria. El pasado no me llama mucho la atención, visité el cielo, el infierno, observé tres millones ochocientos mil cuatrocientos veintitrés amaneceres, mil eclipses y dos ocasos. En resumidas cuentas: hice todo y nada a la vez.
Podría narrarte con lujo de detalle cómo el primer rayo de sol golpea las frentes de los campesinos, o como el calor de cada anochecer renueva la libertad de los esclavos, inclusive podría enseñarte a escuchar, percibir, ese himno (sublime, permíteme decirte) con una sincronía más que exacta de cada partícula de carbono en el universo en el nacimiento de una estrella. Pero, ¿Qué ganaría sino dañarme?
Justo a la mitad de un amanecer en el que me encontraba embelesado por la aurora, (trataba, como siempre y en vano, de fundirme con ella),me hablaste. No se que banalidades dijiste, obviamente creí que balbuceabas para tus adentros. El sonido emitido por tus labios formaba vocablos a un ritmo constante: "Sentir, vivir..." todo me remitía a conceptos vagos e incomprensibles para mi. Traté de alejarme, pero no pude. Aun no comprendo que ocurrió, sentí que me mirabas directamente; tu mirada me retuvo, sentí cadenas en mis manos y espinas a través de mis tobillos.
Escuché lo que ahora es mi perdición, lo que hizo que mudara un traje etéreo por uno de neuronas y tejido, lo que propició este "sketch":
"A veces es a ti a quien veo cuando estoy frente al espejo"
Y deje de prestarle atención a lo que pudo haber sido el amanecer número tres millones ochocientos mil cuatrocientos veinticuatro observado. Desde ese día siento, vivo... y otras tantas trivialidades.
No se si agradecer o maldecirte, ¿Tú que opinas? Antes de comenzar a divagar, prosigo. Rondaba, aunque a la periferia, ya que me habían exiliado desde mi concepción como ente abstracto, nunca comprendí el porqué, pero la verdad no estaba interesado. Viajé, el mundo fue mío, el tiempo, el espacio y demás: sueños tangibles a veces y realidades abstractas. Vi el nacimiento del universo, (no hay mucho que perderse, en realidad), las primeras formas de "vida", vine y fui, fui y vine. Conozco el futuro casi de memoria. El pasado no me llama mucho la atención, visité el cielo, el infierno, observé tres millones ochocientos mil cuatrocientos veintitrés amaneceres, mil eclipses y dos ocasos. En resumidas cuentas: hice todo y nada a la vez.
Podría narrarte con lujo de detalle cómo el primer rayo de sol golpea las frentes de los campesinos, o como el calor de cada anochecer renueva la libertad de los esclavos, inclusive podría enseñarte a escuchar, percibir, ese himno (sublime, permíteme decirte) con una sincronía más que exacta de cada partícula de carbono en el universo en el nacimiento de una estrella. Pero, ¿Qué ganaría sino dañarme?
Justo a la mitad de un amanecer en el que me encontraba embelesado por la aurora, (trataba, como siempre y en vano, de fundirme con ella),me hablaste. No se que banalidades dijiste, obviamente creí que balbuceabas para tus adentros. El sonido emitido por tus labios formaba vocablos a un ritmo constante: "Sentir, vivir..." todo me remitía a conceptos vagos e incomprensibles para mi. Traté de alejarme, pero no pude. Aun no comprendo que ocurrió, sentí que me mirabas directamente; tu mirada me retuvo, sentí cadenas en mis manos y espinas a través de mis tobillos.
Escuché lo que ahora es mi perdición, lo que hizo que mudara un traje etéreo por uno de neuronas y tejido, lo que propició este "sketch":
"A veces es a ti a quien veo cuando estoy frente al espejo"
Y deje de prestarle atención a lo que pudo haber sido el amanecer número tres millones ochocientos mil cuatrocientos veinticuatro observado. Desde ese día siento, vivo... y otras tantas trivialidades.
15.6.07
Me alejo, jo, jo, jo.
Y me alejo sin que me sientas.
Como si fuera la primera vez que te observaras en el espejo: desaliñada y sucia. Resultado de la batalla campal de la noche anterior. Hueles a carne, hueles a sexo y no hueles a mi. Te sorprende verme, estas hastiada tanto como yo de este toma y daca, de este drama, de esta hiperbólica matanza. Me hieres, yo sufro. Yo sufro, tú lloras. Tú actúas, yo miento. ¡Eterno! Circulo vicioso que debe de terminar ahora. Te lo digo gritando, y no paras de chillar.
Me alejo quedamente, esperando que no percibas el hedor a ausencia que despide mi boca, el putrefacto olor a ansiedad que guardan mis axilas o mi cuello que apesta a nostalgia. Rehuyo para que no lo notes. Total, mañana será otro día.
Mañana, mañana, mañana.
Mañana repasaremos esta escena.
-Saldrá bien, no te preocupes.
-Si, eso espero.
Como si fuera la primera vez que te observaras en el espejo: desaliñada y sucia. Resultado de la batalla campal de la noche anterior. Hueles a carne, hueles a sexo y no hueles a mi. Te sorprende verme, estas hastiada tanto como yo de este toma y daca, de este drama, de esta hiperbólica matanza. Me hieres, yo sufro. Yo sufro, tú lloras. Tú actúas, yo miento. ¡Eterno! Circulo vicioso que debe de terminar ahora. Te lo digo gritando, y no paras de chillar.
Me alejo quedamente, esperando que no percibas el hedor a ausencia que despide mi boca, el putrefacto olor a ansiedad que guardan mis axilas o mi cuello que apesta a nostalgia. Rehuyo para que no lo notes. Total, mañana será otro día.
Mañana, mañana, mañana.
Mañana repasaremos esta escena.
-Saldrá bien, no te preocupes.
-Si, eso espero.
soy
Soy un nombre,
soy versos, soy cuerpo;
no soy alma ni energia,
más bien soy
carne,
huesos
y
concreto.
La trascendencia mundana;
la carne cae otra vez,
pero la espero impaciente.
Escucho mi respiración entrecortada
que exige tu
sudor
como tributo.
Soy vacíos,
silencios y demás
cliches
que se dicen en las canciones de Arjona o Sanz.
Soy deseo reprimido que no entiende,
razonamiento disuelto en la confusión;
mi pubis extraña
tus caderas.
Mi cuerpo,
mi cuerpo herido.
Soy falo,
soy verga, soy uno:
la lógica sucesión de
perversiones
y prohibiciones.
soy hambre, nostalgia,
melancolía, sumisión, rabia...
estoy harto,
ávido... inestable...
soy versos, soy cuerpo;
no soy alma ni energia,
más bien soy
carne,
huesos
y
concreto.
La trascendencia mundana;
la carne cae otra vez,
pero la espero impaciente.
Escucho mi respiración entrecortada
que exige tu
sudor
como tributo.
Soy vacíos,
silencios y demás
cliches
que se dicen en las canciones de Arjona o Sanz.
Soy deseo reprimido que no entiende,
razonamiento disuelto en la confusión;
mi pubis extraña
tus caderas.
Mi cuerpo,
mi cuerpo herido.
Soy falo,
soy verga, soy uno:
la lógica sucesión de
perversiones
y prohibiciones.
soy hambre, nostalgia,
melancolía, sumisión, rabia...
estoy harto,
ávido... inestable...
Come here, damn you, I wanna touch you.
Julia aceptó tranquilamente su destino.
La fría hoja de metal se hundía cada vez más en la suave carne; al dolor se yuxtaponía lentamente una nueva sensación, una ráfaga eléctrica que bajaba desde el cuchillo incrustado en el pulmón derecho hasta su clítoris. El placer comenzaba a embriagarla. Conforme Frank empujaba el cuchillo, más descargas desgarraban el interior de sus muslos. Sus gritos, agudos con anterioridad, pasaron a un tono grave: dejó de luchar.
Entreabrió los ojos, le vio: su rostro, los labios dibujando una sonrisa amplia, franca y lasciva, se relamía con una expresión tan felina, tan... excitante. Julia amaba ese gesto. Volvió a unir los párpados y recordó por un instante aquéllas sesiones maratónicas de sexo, el sudor recorriéndola desde el vientre hasta los pies, la respiración entrecortada, sus gritos, el indescriptible gozo que sentía al ser sodomizada, todo lo que jamás regresaría.
Con el ultimo vestigio de fuerza tomó el cuchillo y lo hundió más, y más... con la mano izquierda acercó el rostro de Frank a su boca, le besó con rabia tal que la sangre que caía de su herida se mezclaba con la producida por aquel beso.
Murió. Está de sobra decirlo. Murió accediendo a niveles más allá de nuestra comprensión: la muerte fue para ella el último y el más largo de los orgasmos.
Le envidio.
La fría hoja de metal se hundía cada vez más en la suave carne; al dolor se yuxtaponía lentamente una nueva sensación, una ráfaga eléctrica que bajaba desde el cuchillo incrustado en el pulmón derecho hasta su clítoris. El placer comenzaba a embriagarla. Conforme Frank empujaba el cuchillo, más descargas desgarraban el interior de sus muslos. Sus gritos, agudos con anterioridad, pasaron a un tono grave: dejó de luchar.
Entreabrió los ojos, le vio: su rostro, los labios dibujando una sonrisa amplia, franca y lasciva, se relamía con una expresión tan felina, tan... excitante. Julia amaba ese gesto. Volvió a unir los párpados y recordó por un instante aquéllas sesiones maratónicas de sexo, el sudor recorriéndola desde el vientre hasta los pies, la respiración entrecortada, sus gritos, el indescriptible gozo que sentía al ser sodomizada, todo lo que jamás regresaría.
Con el ultimo vestigio de fuerza tomó el cuchillo y lo hundió más, y más... con la mano izquierda acercó el rostro de Frank a su boca, le besó con rabia tal que la sangre que caía de su herida se mezclaba con la producida por aquel beso.
Murió. Está de sobra decirlo. Murió accediendo a niveles más allá de nuestra comprensión: la muerte fue para ella el último y el más largo de los orgasmos.
Le envidio.
Pasas, madre.
Uno
Dos
Tres
Cua... [expulsión]
Y siento que el alma se me escapa,
Que las entrañas se contraen,
que mi ser entero busca salir [energía].
El silencio se ve perturbado por un
laconico gemido grabado en mi ininteligible voz;
la sonoridad, complice, me guiña un ojo [no hay vacio].
Pero, mi blanquecina alma no escapa,
la atrapas como madre, como gorrión en vuelo;
esperma, resbala suavemente, cálida y salada
deslizandose por las comisuras de tus labios.
Alma primaria, alma simple, alma ingenua y sin mancha
que, delicada, pero abruptamente, pasa a ser parte tuya
[dentro de ti, estoy en casa]
Dos
Tres
Cua... [expulsión]
Y siento que el alma se me escapa,
Que las entrañas se contraen,
que mi ser entero busca salir [energía].
El silencio se ve perturbado por un
laconico gemido grabado en mi ininteligible voz;
la sonoridad, complice, me guiña un ojo [no hay vacio].
Pero, mi blanquecina alma no escapa,
la atrapas como madre, como gorrión en vuelo;
esperma, resbala suavemente, cálida y salada
deslizandose por las comisuras de tus labios.
Alma primaria, alma simple, alma ingenua y sin mancha
que, delicada, pero abruptamente, pasa a ser parte tuya
[dentro de ti, estoy en casa]
Suscribirse a:
Entradas (Atom)